En distintos puntos del país, los Bancos de Alimentos trabajan para recuperar frutas y verduras directamente en las zonas de producción y evitar que alimentos aptos para el consumo se pierdan antes de llegar a una mesa. Bancos de Alimentos Argentina acompaña y fortalece estas iniciativas a través de los programas REAGRo, una estrategia que busca ampliar la recuperación de productos agrícolas, fortalecer las capacidades de los Bancos de Alimentos y mejorar el acceso de las comunidades a alimentos frescos y nutritivos.
En este marco se desarrolla ReAgro Integral: Alimentos Recuperados para Comunidades Saludables, implementado por el Banco de Alimentos Rosario y que cuenta con el apoyo de John Deere a través de The Global FoodBanking Network (GFN). Durante el último año, el programa recuperó más de 139.000 kilos de frutas y verduras directamente del campo, contribuyendo a reducir el desperdicio de alimentos y, al mismo tiempo, ampliar el acceso a alimentos frescos y nutritivos para organizaciones sociales.
Recuperar alimentos desde el origen
¿Qué sucede con las frutas y verduras que son aptas para el consumo, pero que por distintas razones corren el riesgo de no llegar a la mesa?
ReAgro Integral trabaja justamente sobre esa oportunidad: recuperar alimentos directamente en origen, fortalecer los vínculos con productores y poner esos productos a disposición de organizaciones sociales. Entre julio de 2025 y junio de 2026, el programa llevó adelante 69 operativos de rescate y recuperó 139.122 kilos de frutas y verduras, entre ellas acelga, alcaucil, papas, zapallitos y zucchini. De ese volumen, 122.457 kilos fueron distribuidos a organizaciones sociales, equivalentes a 367.371 platos de comida.
El rescate en origen permite aprovechar alimentos que, de otro modo, podrían quedar fuera de la cadena alimentaria. De esta manera, cada operativo genera un doble impacto: contribuye a mejorar el acceso a alimentos frescos y, al mismo tiempo, evita el desperdicio y el impacto ambiental asociado a su descarte.
Para Amanda Reboratti, Gerente de Fortalecimiento de Bancos de Alimentos Argentina, este tipo de iniciativas demuestra que la lucha contra el hambre y la reducción del desperdicio de alimentos son desafíos que pueden abordarse de manera conjunta.
“Cada alimento que logramos recuperar en origen representa una oportunidad concreta para transformar un excedente en un recurso que llega a quienes más lo necesitan. ReAgro nos muestra que, cuando articulamos capacidades, conocimiento y compromiso, podemos generar un impacto social y ambiental mucho mayor”.
Recuperar alimentos directamente del campo implica mucho más que retirarlos y distribuirlos. Requiere coordinar productores, mano de obra, transporte, almacenamiento, cámaras frigoríficas y protocolos de inocuidad y trazabilidad.
En este sentido, durante el período se incorporó un nuevo vehículo Iveco y se contrató una cooperativa de trabajo para las tareas de rescate en campo. Estas mejoras permitieron fortalecer la capacidad operativa y dar mayor continuidad a los recuperos.
El programa también cuenta con una red de aliados que hace posible ampliar su impacto. Además del apoyo de John Deere, canalizado a través de The Global FoodBanking Network, IFCO facilita los cajones utilizados para el traslado y manipulación de los productos, mientras que el Fideicomiso ExpHortAr y el INTA contribuyen a fortalecer el vínculo con productores agrícolas.
Del rescate al aprovechamiento integral
El impacto no termina cuando los alimentos salen del campo. Durante el período también comenzó a funcionar de manera operativa la Unidad de Procesamiento de Alimentos (UPA).
Entre agosto de 2025 y junio de 2026 se procesaron más de 3.500 kilos de vegetales, de los cuales se obtuvieron aproximadamente 2.900 kilos de productos procesados destinados a organizaciones sociales.
A esto se sumaron capacitaciones, clases de cocina y materiales educativos para promover el aprovechamiento integral de frutas y verduras. En alianza con la Universidad Abierta Interamericana, se desarrollaron acciones sobre Buenas Prácticas de Manufactura, seguridad alimentaria, nutrición y etiquetado frontal, además de recetarios elaborados a partir de los alimentos recuperados.
El impacto de ReAgro también puede verse en las historias que llegan desde las organizaciones sociales: Lucas Zarich, referente de Presente y Futuro, cuenta que gracias a los alimentos recibidos muchos niños pudieron conocer productos que difícilmente formarían parte de su alimentación cotidiana.
“Que nuestros niños conozcan el kiwi, que es un alimento que, con recursos escasos, nosotros no compraríamos kiwi. Hemos estado semanas comiendo kiwi”, relata.
La experiencia refleja una dimensión central del programa: no se trata únicamente de entregar más alimentos, sino de ampliar la variedad y la calidad de los alimentos disponibles para las comunidades.
Los resultados alcanzados durante esta primera etapa permitieron superar las metas previstas en varios indicadores. Se recuperaron 139.122 kilos de productos agrícolas frente a una meta de 63.000 kilos, se distribuyeron 122.457 kilos frente a una meta de 62.000 y se procesaron 2.939,25 kilos en la UPA, superando ampliamente la meta inicial de 840 kilos.
El desafío ahora es continuar ampliando la cantidad de productores participantes, fortalecer la logística y profundizar las alianzas que permiten sostener los operativos de rescate.
Una experiencia que se integra a una estrategia nacional
Para Bancos de Alimentos Argentina, la experiencia de Rosario forma parte de un desafío más amplio: fortalecer la recuperación de frutas y verduras en las distintas regiones productivas del país.
A través de los programas REAGRo, BAA busca acompañar a los Bancos de Alimentos de la red en el desarrollo de capacidades de recupero en origen, logística, procesamiento y distribución, generando además aprendizajes que puedan ser compartidos y replicados en otros territorios.
ReAgro Integral Rosario es una de estas experiencias y muestra el potencial que surge cuando Bancos de Alimentos, productores, empresas, organizaciones y aliados internacionales trabajan de manera articulada.
Porque recuperar un alimento no es solamente evitar que se desperdicie: es darle una nueva oportunidad para llegar a una mesa.